Las monedas digitales, provistas por los bancos centrales, pueden leerse como tecnología revolucionaria, el paso a participar de un entorno tecnológico más adecuado a los tiempos que estamos experimentando y que, además, pudo haberse acelerado con la limitación del dinero en efectivo por controles de sanidad durante la COVID-19. Sin embargo, esa percepción limitaría el impacto que han tenido las criptomonedas en el sector; mucho antes de la ruptura de máximos históricos de Bitcoin, que desde USD 20,000 nos posicionó en la frontera de los USD 60,000 que se presencian hoy en día, existían experimentos en desarrollo, prototipos y pruebas de concepto de monedas de bancos centrales vinculadas a la tecnología del Blockchain, que incrementaron desde el 42% en el 2019, hasta un 60% en el 2020 en un total de 65 países analizados, según encuesta realizada por el Banco de Basilea (el Banco Central de los bancos centrales).

Este interés no es casual, viene de la participación que ha tenido el mercado criptográfico para presentarse como solución ante los problemas creados por políticas monetarias deficientes, siendo el Bitcoin un mecanismo de respuesta descentralizado, significando esto que no pertenece a alguna autoridad que pueda disminuir el poder adquisitivo a su antojo. Se consideró necesaria esta respuesta ante la histórica y recurrente participación de los estados, para cubrir los déficits presupuestarios luego de que se haya abandonado el patrón oro y se haya basado la economía en políticas de expansión crediticia, llevando a las puertas del fenómeno inflacionario que se vive hoy en día, y que su paso, puede provocar la próxima crisis de los mercados financieros. No es necesario que una moneda sea respaldada por su gobierno, al menos eso se piensa desde el desarrollo de las alternativas criptográficas, ya que tomando como ejemplo el Bolívar venezolano, el Peso argentino o la Libra libanesa, sus usuarios no ven estabilidad, ni una reserva de valor segura en la que valga la pena mantener sus ingresos frente a devaluación constante de su moneda.

En ese sentido, debemos explorar la integración de los habitantes de Latinoamérica a la economía digital.Qué tan profunda es su participación y cuáles son las dificultadesen caso de llevar a cabo este tipo de proyectos, en que los Bancos Centrales captarían el nicho de mercado que se ha generado, canalizando el dinero ya invertido en criptomonedas; que de no tomar acciones, pudieran perder el control de las políticas monetarias de los países de la región. Además, se hará enfoque en cómo las aplicaciones de comercio digital,están aprovechando ese espacio por ocupar dejado por la Banca Central, cómo su integración en la sociedad puede ser el paso definitivo para erradicar las fronteras financieras y por qué pensar como necesaria la creación de unas CBDC con protocolos amigables en la región.

¿Es Latinoamérica una región inculta en finanzas?

Para poder responder estar pregunta es necesario entender que la participación financiera de una sociedad, viene determinada por indicadores de acceso a productos financieros, entiéndase entidades bancarias, no bancarias, cajeros, entre otros, la idea es poder cuantificar la accesibilidad aeste tipo de productos, que además, sean capaces de recoger la información sobre el número de personasque cuentan con derivados financieros, entiéndase cuentas de ahorros, créditos, seguros o sistemas de pagos. Según encuesta realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), que integra los indicadores de conocimientos, actitudes y comportamientos financieros, se realizó una escala capaz de integrar estos tres conceptos para cuantificar el grado de conocimiento financieros,es así, que se midió la opinión ante frases como el dinero está ahí para ser gastado, prefiero vivir el día a día, prefiero gastar dinero que ahorrar para el futuro, con el objetivo de determinar el grado de pensamiento a largo plazo de los encuestados. Además, estas preguntas fueron vinculadas a la creación y uso de un presupuesto en conjunto con recursos financieros, ahorro y la elección ante los mismos.

El resultado de la encuesta señala que solamente Chile es capaz de compararse con países pertenecientes al G20, teniendo los países desarrollados, un promedio mayor en cuanto a conocimientos financieros que los pertenecientes a la región latinoamericana. Además, señala la encuesta realizada, que ahorrar de manera regular, tener un presupuesto y la utilización de sistemas de ahorros,puntúa por debajo de los países utilizados como modelo comparativo de las economías desarrolladas en función de los países pertenecientes a la región latinoamericana.

Este resultado se suma a un riesgo latente a la región, alrededor de la mitad de la población de Latinoamérica sigue sin tener acceso a servicios financieros formales, estando detrás de economías emergentes de la región asiática. Aunque la inclusión financiera ha aumentado durante la última década, una medición realizada por el Global Findex del Banco Mundial en el 20174, sitúa que el 55% de la población adulta de la región posee una cuenta bancaria, situándose en una cifra de 360 millones de adultos que aún no participan de los servicios financieros disponibles en su región. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la COVID-19 aceleró la participación digital de muchos servicios que anteriormente no hubiesen calado en la población, permitiendo que los usuarios se familiarizan con las apps de entrega de pedidos, plataformas y pasarelas de pagos, digitalizando de ese modo, el acceso que anteriormente no tenían con respecto a sus finanzas.

¿Puede la Banca Central ocupar un rol relevante en las finanzas digitales?

Debe tenerse en cuenta que la principal ventaja de la que puede gozar una economía emergente en la implementación de la CBDC, es la inclusión de comunidades que no tienen acceso a la banca tradicional, y sectores que anteriormente hayan podido ser excluidos, tengan acceso a una forma de ahorro quedé una unidad de cuenta estable y prestamos crediticios, beneficiado así, la estabilidad macroeconómica y financiera. Además, el acceso a medios de identidad que puedan basarse en tecnologías confiables solo puede forjarse desde una participación activa del estado, utilizando como ejemplo el desarrollo sobre la tecnología Blockchain, como afirma los creadores del Proyecto DIDI, “(…) se busca fortalecer a las administraciones públicas y organismos competentes para la identificación de personas con nuevos estándares internacionales, como las credenciales verificables o los identificadores descentralizados”. 

Según análisis de The Global Payment report, se espera que las billeteras digitales, como las aplicaciones que están sirviendo de pasarelas y plataformas de pago, tengan un crecimiento continuo que para el año 2024, sea capaz de superar a las tarjetas de créditos como el principal método de pago, significando una absorción del 31.2% de todas las transacciones realizadas en comercio electrónico. Esto nos deja saber la necesidad de una participación más intensa por parte de la Banca Central de crear mecanismos de pago eficientes que sean capaces de comunicarse entre sí, beneficiando y cruzando las fronteras que hasta el momento impidan una unificación de las diferentes economías de la región.

Es necesario que cada uno de los individuos y negocios pueda tener acceso a productos financieros que puedan ser accesibles y prácticos, servicios que sean capaces de cumplir con transacciones, pagos, ahorros y que se haga de un modo sostenible. Las aplicaciones relacionadas a Fintech, han desarrollo un rol importante en alcanzar este progreso, sin embargo, se presentan riesgos de seguridad vinculados a la tecnología en desarrollo. Aunque ello no deba ser excluyente de la evolución necesaria al sistema financiero que se pueda alcanzar con las Fintech, los gobiernos necesitan entender el grado de participación al que deben optar frente a este tipo de tecnologías, tal como afirma el Banco de Basilea en su informe de los Principios Fundacionales para las Monedas de Bancos Centrales. Yendo más allá de la rentabilidad que puede obtenerse, cuyo objetivo está inmerso en todas las aplicaciones de terceros, debe darse prioridad a ser capaz de desarrollar ecosistemas que garanticen la seguridad de las operaciones y confiabilidad del sistema.

Los retos presentados no solamente se vinculan a la falta de participación que tiene la sociedad en su cultura financiera, según informe reciente de la OCDE sobre la accesibilidad de los países al internet y la brecha entre zonas rurales y urbanas, evidenció que en los países desarrollados el número ronda al 5% de exclusión, siendo los números para la región latinoamericana, una cifra que asciende al 60% de hogares rurales sin acceso a internet6. Brasil es uno de los países con las mayores brechas entre zonas rurales y urbanas, siendo una cobertura del del 41% para zonas rurales y 66% para zonas urbanas. Otro ejemplo, es que México reportó un 56% de la totalidad del país con acceso internet, excluyendo a 40 millones de mexicanos al acceso de los servicios ofrecidos en la red. En consecuencia, implicaría que pese el aumento de las transacciones electrónicas de la región, aún queda un espacio por ser completado y que pueda observarse el pleno auge de la economía gracias a la participación de la mayor cantidad de usuarios.

¿Puede la Banca Central quedar relegada del crecimiento financiero de la región?

Queda claro, existe un problema en cuanto a infraestructura que limitará el grado de participación de los usuarios de Latinoamérica, que además se le presentan dos retos por enfrentar:1. Laconfianza que pueda sentir la población para la utilización de aplicaciones vinculadas al Fintech. 2. La accesibilidad que pueda devengue el desarrollo de tecnologías que permita disfrutar de los servicios a su disposición, en la medida que se haga menos complicado poder productos financieros y la utilidad práctica que signifique para el día a día. Es importante entonces destacar, que el crecimiento respecto al mercado telefónico de América Latina se ha expandido constantemente, contando para el 2019 con 422 millones de suscriptores en toda la región, lo que representa el 67% de la población total, siendo el 80% de esta población la que cuenta con suscripciones a internet móvil, según encuesta provisto por GSM Intelligence en el 2019.

Para el año 2018, se calculó que las tecnologías relacionadas con servicios móviles generaron el 5% del PIB de América Latina, significando USD 260,000 millones, dando lugar a 1,7 millones de puestos de trabajo, previéndose que para el 2023 se logre superar in ingreso para la economía de la región en USD 300,000 millones, viéndose beneficiado cada uno de los países en la utilización y mejora de los servicios móviles que acarrea productividad y eficiencia9. Con respecto a la utilización de la tecnología, cifras provistas por Stadista prevé que para el 2024 las personas que realizan compras de servicios en internet, asciendan a 351 millones de usuarios. Esto deja claro que el desarrollo de las aplicaciones vinculadas al e-commerce todavía representa un sector en crecimiento, las transacciones generadas en estas aplicaciones constituyen una vital importancia para la economía de la región, es por eso, que garantizar que puedan ser realizada a través de medios de pagos seguros, confiables y accesibles es la prioridad en cada uno de los desarrolladores.

Pese a ello, el peso total de la responsabilidad no puede ser delegado en la conveniencia de terceros, eso significa, que quedarse al margen de la participación de este nuevo fenómeno será perjudicial para la Banca Central. Por ejemplo, desarrollos de mecanismos de identidad que no puedan ser provistos por terceros, pueden integrarse a través del desarrollo implementado en una CBDC, tal como afirma Didenko y Buckley. Las cifras mencionadas anteriormente solo dejan saber la necesidad de correlación entre métodos de pagos y medios provistos por los Bancos Centrales, interacciones que sean capaces de vincularse entre sí y que permita la comunicación entre los diferentes países de la región. Es poco probable, incluso parcialmente imposible, que los Bancos Centrales queden fuera de la vinculación con el comercio mencionado, sin embargo, la participación de la actividad comercialque involucra a criptomonedas, ocupa cifras que continuaran su tendencia en aumento de no ver alternativas que sean implementadas por la banca central.

Según una investigación de la firma Atlántico, durante el 2020 Argentina se convirtió en el país latinoamericano con el mayor número de volumen en transacciones digitales, ascendiendo la cifra a USD 48 millones, seguido por Brasil, Chile y México11. La adopción de este tipo de activos digitales viene propiciada por tecnología p2p, que ha sido una tendencia clave no solo en la región, sino en países como Nigeria, Kenia y Vietnam. Esto nos permite visualizarque las criptomonedas están siendo utilizadas como métodos de reserva de valor, envío y recepción de remesa y el acceso a bienes y servicios obtenibles en internet, sin ninguna restricción relacionada a temas políticos. La ejecución de esta actividad, en una economía tradicional, debería ser provista por el estado, tal como se ha mencionado en los beneficios de la adopción de la CBDC, ya que, al no encontrarse una solución digerible por la mayoría de la población, muchos usuarios se ven empujados a adoptar los métodos de transferencia mencionados alternativospor quedarse excluidos con respecto a los disponibles por Banca Central en el modelo tradicional.

Entonces, ¿quién ganará la carrera por la digitalización financiera?

La necesidad del ser humano de poder comercializar bienes y servicios en un entorno seguro, ha sido el conductor de las más recientes revoluciones monetarias, ello en el sentido, que siempre se buscará participar y comercializar en productos financieros que sean más convenientes para cada uno de las partes involucradas. Como se mencionó en el apartado del crecimiento económico de Latinoamérica, en relación a la integración de la tecnología de internet móvil, es un sector que pese a las metas alcanzadas, aún le quedan recursos y desarrollo por explotar. La tendencia está clara, para los habitantes de la región latinoamericana, el acceso a productos de finanzas en forma de aplicaciones móviles ha sido la manera más fácil de educar a los ciudadanos sobre los bienes disponibles que permite su utilización, además, fomentar el intercambio comercial entre los participantes.

Es por ello que se debe hacer especial mención a la participación que ha tenido el Exchange Binance y LocalBitcoins, en relación a que su utilización queno ha concurrido solo al intercambio de criptodivisas, sino de pasarela de pago entre las diferentes remesas que son enviadas en todo el territorio latinoamericano. Según informe de la firma Chainalysis, entre julio de 2020 y junio del 2021, la región recibió transacciones en criptomonedas valoradas en USD 353 millardos, representando el 9% del monto total trazado en el mundo, siendo la sexta región con mayor economía. Pero ello no implica una exclusión al resto de participantes que compite en el mercado, ya que como se mención respecto al crecimiento del comercio digital, la rentabilidad exponencial que se ha visto hasta la fecha permite que muchos emprendimientos entren al juego para apuntar a la simplificación de las transacciones comerciales. Aplicaciones como Reserve ocupan un nicho de mercado de USD 1.5 millones en transacciones diarias y recientemente, la entrada del competidor Glufco ha permitido servir de puente comercialen aplicaciones de la banca tradicional y los tokens generados en juegos NFT.

Satanizar la creación de estas aplicaciones en forma de sanciones, tal como menciona el informe del Banco de Basilea,puede ir en perjuicio de la población.La inclusión de medios electrónicos como modalidad de pago, ha incrementado el conocimiento financiero de la población que las utiliza, permitiendo que cada vez más personas dispongan de métodos alternativos para el manejo de sus ingresos, ahorros y educación financiera a largo plazo. Además, se presenta como resultado un apetito de cultura financiera en el que cada vez más usuarios se sienten atraídos no solo a la utilización de plataformas de pagos, sino a los mecanismos que permiten mantener la reserva de valor a lo largo del tiempo. Es evidente que suplantar el rol protagónico que puede ejecutar un Banco Central, con respecto al manejo de las políticas económicas de la nación, no será algo que vaya a darse con facilidad, pese al volumen constante y en aumento que están viendo cada uno de las plataformas electrónicas que buscan crear su criptomoneda o activo digital vinculado al dólar .Sin embargo, se debe tener en cuenta que la ausencia de toma de medidas con respecto a la participación de las Fintech, solo puede ser perjudicial para el ejercicio pleno de políticas monetarias.

Entonces, mientras no se den avances por parte de los gobiernos pertenecientes a la región, cuyo objetivo sea aumentar la participación de los usuarios de las zonas rurales, con políticas de identidad, en conjunto con el desarrollo de la infraestructura necesaria para poder ampliar el margen de participación de los usuarios, la batalla por la participación financiera estará siendo ganada por las aplicaciones y plataformas que más volumen de negociaciones sean capaz de manejar. Esto nos deja saber, además, que continuar en el desarrollo de esas aplicaciones y que apunten a la explotación de servicios financieros en conjunto con la cultura necesaria para su correcta utilización, continuará siendo el modelo rentable a seguir mientras que no haya la implementación de políticas públicas.

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